El túnel del tiempo

El túnel del tiempo

Muchas veces desde estas páginas he hablado de la psicología positiva y de la resiliencia, como cualidades o actitudes necesarias para afrontar las crisis y problemas con sabiduría. También he comentado que la Organización Mundial de la Salud, ha alertado del creciente y alarmante aumento de las nuevas enfermedades del siglo XXI, los trastornos psicológicos y trastornos mentales, en especial la ansiedad y la depresión.

Según esta misma fuente, estas nuevas enfermedades surgen en su gran mayoría a causa de la actual crisis económica. Por más que los medios de comunicación se empeñen en decirnos que estamos saliendo de la misma, que el paro ha descendido, o lo que es lo mismo, que se han creado nuevos puestos de trabajo, no parece que el nuevo año 2016 vaya a ser mejor que el 2015. No debemos olvidar que en Baleares la bolsa de trabajo, en su mayoría, pertenece al sector turístico y que éste se rige por una gran estacionalidad. Por otra parte, el absentismo y la siniestralidad laboral vienen propiciados por la misma explotación laboral, lo que significa largas jornadas de trabajo y unos sueldos indignos.

La gran paradoja es que por un lado cierto tipo de información nos induce a pensar que ya estamos saliendo del túnel, cuando la realidad social es muy diferente. La crisis actúa como un cáncer dañando el tejido social, el núcleo familiar, los amigos y el ámbito laboral. Los contratos laborales son precarios y no dejan de enmascarar unos datos de estadística muy alejados de la realidad. ¿En qué medida podemos entonces ser positivos y resilientes?

Todo esto significa un gran reto para la persona, para su integridad física, psíquica y moral, sin embargo, tenemos ejemplos a lo largo de toda la historia de resistencia, fortaleza y perseverancia ante la adversidad. Difícil pero no imposible. Cuando surge el desaliento ante la falta de trabajo y la falta de recursos para mantener las necesidades básicas, cuando los niños se encuentran perdidos en la calle, cuando no avanzan en sus estudios porque están inmersos en una espiral de violencia, muchas veces en la propia casa, quiere decir que la sociedad está enferma, pero hay que seguir luchando por la propia dignidad y por el futuro de estos niños.

La última desgracia ha ocurrido hace muy poco, con el suicidio de un niño de 11 años en Madrid. Su carta de despedida, pone los pelos de punta a cualquiera. No hay rencor, sino impotencia y mucho dolor…"Papa, mama, sois los mejores padres, me habéis cuidado muy bien pero no aguanto más ir al colegio y no hay otra forma para no ir….os pido que no os separéis, papa y mama, solo viéndoos juntos y felices yo seré feliz… espero que un día podamos volver a vernos en el cielo… me despido para siempre y espero que encuentres trabajo muy pronto…" Así termina su carta de despedida. Esta carta lo resume todo, en especial el sufrimiento de un niño ante una situación imposible con una puerta de salida al más allá.

Las desgracias siempre se ceban en los más débiles y en los colectivos más desfavorecidos. De nada sirve que a lo largo del año, prácticamente a diario, haya fechas señaladas para determinadas celebraciones como el 14 de Octubre, día internacional contra la pobreza infantil, 25 de Noviembre, día internacional contra la violencia de género, 27 de enero, día internacional para el recuerdo de las víctimas del holocausto, 30 de enero, día escolar de la no violencia y la PAZ, conmemorando la muerte de Gandhi, y así hasta completar los 365 días del año, si estas celebraciones no se hacen efectivas en los diferentes organismos implicados.

También se hace memoria a las víctimas de la represión, a la mujer trabajadora, al cuidado del medioambiente, a la escasez del agua y los alimentos, a la desigualdad en el reparto de los bienes naturales y materiales. En este punto, la desigualdad en la distribución de la riqueza en el mundo, aumenta cada año con mayor celeridad hasta el punto de que el último informe de Oxfam confirma que la mitad de la riqueza mundial está en manos de 62 personas, frente a la otra mitad, en manos del resto del planeta.

Es más de lo mismo. Mientras tanto, de forma inversa a la riqueza de unos pocos, va en aumento la frustración, la crispación y la desesperación del resto de la población, con un gran aumento de la tasa de suicidio, como el ejemplo que acabamos de ver, tanto en niños como en adultos, o la muerte natural de muchos niños mal nutridos por la hambruna, o los cadáveres enterrados para siempre en el Mediterráneo, en un intento desesperado de huir de los conflictos y guerras en sus países de origen.

Ante este tipo de situaciones, antiguamente a estas personas se las consideraba "pobres de solemnidad". En la actualidad se denomina "emergencia psicosocial", entre la que cabe destacar la "pobreza energética". Es más de lo mismo… o sea, vivir de la "limosna" y de la "compasión" de los que manejan el reparto de bienes, cuando esto debería ser un deber y una obligación de los que tienen capacidad para cambiar el mundo en beneficio de una justicia social.

A veces tengo la sensación de haber retrocedido en el tiempo, hace siglos, según relata la literatura universal, cuando las calles sucias y pestilentes estaban llenas de mendigos tal como ocurría en los barrios londinenses descritos de forma magistral por Charles Dickens en Oliver Twist, pero también en nuestro propio país desde la época medieval.

Hace ya muchos años, organizaciones gubernamentales y diferentes Asociaciones, consiguieron erradicar la mendicidad infantil de nuestras calles, especialmente de mujeres con sus niños en brazos. Sin embargo la mendicidad no ha cesado, solo han cambiado sus personajes. Cada vez hay más mendigos con animales de compañía dormitando junto a ellos en el suelo, tal vez compartiendo como único alimento la jarra de vino de su dueño. Aunque sabemos que el perro es mejor amigo del hombre y posiblemente le sea fiel hasta la muerte, debería ser un motivo de atención y reflexión tanto hacia esas personas como hacia los propios animales… no es una tarea fácil.

Pero lo más alarmante es la cantidad de mendigos impedidos que se acumulan de forma estratégica en sitios céntricos donde transita más gente, en la puerta de las Iglesias y grandes centros comerciales de Palma, especialmente en cualquiera de las múltiples escaleras que llevan a la catedral de Palma a partir de las primeras horas de la mañana.

No es necesario ser muy avispado para entender que si un mendigo carece de extremidades inferiores o padece una severa minusvalía, pueda haber subido por si mismo todo el tramo de escaleras o haber recorrido las calles de Palma. Ahí es donde está verdaderamente el trabajo de los servicios sociales, en averiguar quién o quienes les llevan hasta allí y quien les recoge a última hora de la noche. Es posible que su propia familia los utilice o que se trate de redes bien organizadas para su lucro personal, al igual como sucede en otras actividades delictivas de tráfico de personas o prostitución, a manos de unos pocos desaprensivos.

Siempre he tenido la esperanza que todas aquellas asociaciones empresariales, asociaciones hoteleras, grandes banqueros, políticos, etc., que aspiran a convertir Palma en una ciudad turística de referencia, algún día se den cuenta de que no estamos vendiendo la mejor imagen para conseguirlo. Tal vez la administración pública, en especial los departamentos de trabajo social, sanidad y educación, deberían salir en alguna ocasión de sus despachos y recorrer las calles de Palma y también sus barriadas.

Por otra parte, difícilmente se puede acabar con este tipo de situaciones sin las condiciones mínimas para que los propios ciudadanos no tengan que vivir de la mendicidad, ofreciendo una vivienda digna y un trabajo estable, en definitiva, una integración social. Así pues, las enfermedades más comunes en estos tiempos, la depresión y el estrés, en ocasiones sobrevienen por la explotación laboral y en otras por la frustración y desesperanza de los que están buscando un trabajo digno, cada día más difícil conseguir. Ante este panorama, me duele ver como nuestros políticos están más preocupados en cuestiones internas para ver quién gobierna que en los problemas reales, difíciles de resolver.

En mi humilde opinión, hay tres pilares básicos para salir adelante, el más importante el tema laboral, de forma que la persona o familia pueda recuperar su dignidad sin tener que recurrir a ayudas o "limosnas". En segundo lugar, mayor consenso en los planes de estudio tanto en los más pequeños como en los adolescentes, mayores oportunidades de formación profesional real y efectiva y mayor vigilancia del absentismo y abuso infantil en las aulas.

Y por último, mayor gasto en sanidad… Cuando la ciencia ha conseguido mayor longevidad en las personas, ello debería ser equivalente a mayor calidad de vida, pero son muchos los ancianos que sobreviven con 300 euros sin posibilidad de hacer frente a sus necesidades, especialmente los tres sentidos más importante para envejecer con dignidad, el oído, el gusto o paladar y la vista, además de sus pies. Son muchos los que necesitan plantillas o zapatos especiales para caminar y no pueden salir de casa por falta de recursos.

No olvidemos que esas personas mayores, son los que han trabajado durante toda su vida para que nuestras diferentes comunidades hayan alcanzado un nivel de vida como el que hemos gozado hasta hace poco tiempo… no se merecen este tipo de respuesta al final de su vida.

Para el próximo año y los años venideros, me gustaría pedirle a nuestros políticos que los niños puedan crecer en un ambiente familiar y social estable, que sus padres, sean familias monoparentales, convencionales o reagrupadas les puedan ofrecer unos mínimos de atención y afecto porque su jornada laboral se lo permita y que nuestros ancianos puedan gozar de mayor calidad de vida.

Psicóloga y Psicoterapeuta
Enero- Febrero 2016