​Iraïs Seguí asume la coordinación del GIPEC IB con el objetivo de acercar el apoyo psicológico en emergencias a más personas

​Iraïs Seguí asume la coordinación del GIPEC IB con el objetivo de acercar el apoyo psicológico en emergencias a más personas

Iraïs Seguí, psicóloga con una amplia trayectoria en el ámbito clínico, educativo y de la intervención con víctimas, toma el relevo de Antonia Ramis al frente del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del COPIB (GIPEC IB). Forma parte del equipo desde 2023 y compagina esta labor con la práctica clínica y la docencia universitaria en la UIB y la UOC. Con motivo de esta nueva etapa, hablamos con ella sobre los retos del Grupo, la preparación ante situaciones críticas y la importancia de acercar el apoyo psicológico a las personas afectadas por emergencias y catástrofes.

Después de más de tres décadas con Antonia Ramis al frente del Grupo, ¿qué supone para usted asumir ahora su coordinación? ¿Lo vive principalmente como una responsabilidad, como un reto, o como ambas cosas?

Es una mezcla de las cosas. Evidentemente, es un reto tanto a nivel profesional como personal, pero también una gran responsabilidad que asumo con mucha conciencia y, sobre todo, con mucho respeto.

Asumo la coordinación de un grupo con una trayectoria muy consolidada y con muchísimo trabajo detrás, por lo que mi prioridad es dar continuidad a todo lo que se ha construido hasta ahora y, al mismo tiempo, contribuir a su crecimiento y mejora.

Antonia Ramis cierra una trayectoria muy dilatada al frente del Grupo. ¿Qué aspectos de su trabajo y de la forma en que ha funcionado hasta ahora considera importante mantener?

Antonia ha sido y seguirá siendo un referente para cada una de las personas que integran el grupo. Que ella misma me proponga como su relevo es, para mí, un reconocimiento en sí mismo.

Además de liderar el equipo con gran profesionalidad, Antonia ha sido una coordinadora cercana y humana, siempre presente como guía, y eso, sin duda, ha contribuido no solo al buen funcionamiento del grupo, sino también a reforzar su cohesión.

Por ello, entre el legado que quiero mantener están claramente esa cohesión, el rigor profesional y esa forma de ejercer desde la humanidad que tanto la ha caracterizado.

También tengo muy presente a Javier Torres, decano del COPIB, que para mí es un referente en este ámbito y una de esas personas de las que siempre se puede seguir aprendiendo. Saber que lo tengo cerca, poder recurrir a su experiencia y contar con su criterio me da también mucha seguridad en esta nueva etapa.

¿Se plantea introducir cambios o nuevas líneas de trabajo en esta nueva etapa? ¿Hay algún aspecto que le gustaría impulsar especialmente?

Pienso que siempre seguirá siendo necesario visibilizar nuestro trabajo y conseguir que nuevos sectores de la población conozcan el servicio para que pueda llegar cada vez a más personas. No es una línea nueva, porque ya hay muchísimo trabajo hecho en este sentido, por lo que conviene seguir avanzando en este camino.

Además, me gustaría seguir reforzando la formación y la preparación del grupo, especialmente acompañando bien las nuevas incorporaciones y generando espacios que nos permitan seguir aprendiendo, entrenando y mejorando juntas como equipo.

La intervención psicológica en emergencias y catástrofes requiere una preparación específica y una capacidad de respuesta en situaciones muy diferentes. ¿Qué crees que necesita actualmente el Grupo para seguir preparado ante este tipo de circunstancias?

El grupo está en constante formación y así queremos seguir. Es especialmente importante prestar atención a las nuevas incorporaciones y dotarlas de las herramientas, la formación y el acompañamiento necesarios para que puedan intervenir con seguridad y, al mismo tiempo, cuidarse.

Pero la formación no termina ahí. Continuaremos con la formación de todo el grupo, atendiendo a las necesidades que vayan surgiendo, incorporando espacios de entrenamiento y simulación y procurando dar respuesta a las inquietudes que las propias integrantes nos vayan planteando. En un ámbito como el nuestro, estar preparadas implica seguir aprendiendo y entrenando de manera constante.

Desde su experiencia, ¿qué papel desempeña actualmente el psicólogo o la psicóloga de emergencias cuando se produce una situación crítica? ¿Se conoce y se entiende suficientemente cuál es su función?

Tenemos un papel de acompañamiento en el primer impacto, pero también de valoración de necesidades, contención y apoyo en esos primeros momentos de una situación crítica. Trabajamos mano a mano con los equipos sanitarios, de rescate y de las fuerzas y cuerpos de seguridad, y nuestra función no es solo acompañar a las víctimas y a sus familiares, sino también estar disponibles para las propias personas intervinientes cuando, en un momento dado, pueden necesitar apoyo psicológico.

Pienso que cada vez se conoce y se entiende mejor cuál es nuestra función, pero todavía estamos lejos de donde queremos llegar. Nuestro objetivo es que cualquier persona expuesta a una emergencia o catástrofe en las Illes Balears conozca este recurso especializado y sepa que puede recurrir a él.

El servicio está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año, precisamente para poder dar respuesta cuando se necesita. Nuestro objetivo es que la población conozca de la existencia de este recurso y que nadie tenga que transitar solo, a nivel emocional, el impacto de una situación crítica.

¿Considera que la Psicología de emergencias tiene todavía margen para ganar reconocimiento dentro de los dispositivos de emergencia y entre las propias administraciones? ¿Qué sería necesario para avanzar en este sentido?

Sí, creo que todavía hay mucho margen. Es cierto que nuestra labor se reconoce y que, cuando intervenimos en una emergencia, el resto de equipos suele valorar mucho nuestra presencia y nuestro trabajo. Pero todavía tenemos que conseguir que se conozca más el servicio y, sobre todo, que contar con la Psicología de emergencias sea cada vez más automático dentro de los propios dispositivos y protocolos de actuación.

Nuestra tarea no se limita al acompañamiento en el momento de la crisis. Una intervención adecuada en esos primeros momentos también puede tener un importante papel preventivo, ayudando a reducir el impacto psicológico y a detectar aquellas situaciones en las que puede ser necesario un seguimiento posterior. Avanzar en esta integración es clave para consolidar nuestro papel.

Las emergencias pueden afectar tanto a las personas directamente implicadas como a familiares, profesionales de los servicios de emergencia o incluso a comunidades enteras. ¿Qué particularidades tiene la intervención psicológica en estos contextos?

Es una intervención muy diferente a la que estamos acostumbrados a realizar en consulta. Trabajamos en el momento y en el lugar de la crisis y, en esos contextos, no hay tiempo para anamnesis previas ni para procesos largos de valoración.

Hay que ser capaces de actuar con rapidez, valorar qué necesita cada persona en ese momento, contener, acompañar en el impacto y facilitar las primeras tomas de decisiones. Además, muchas veces trabajamos no solo con las personas directamente afectadas, sino también con familiares, intervinientes o grupos amplios de población.

Es un trabajo de alto impacto que exige preparación, capacidad de adaptación y unas herramientas diferentes de las que podemos utilizar en otros contextos de intervención psicológica.

¿Qué importancia tienen la formación y el entrenamiento previo de los profesionales que forman parte de un grupo de intervención en emergencias? ¿Qué competencias consideras especialmente necesarias?

Es esencial. Como te decía, hablamos de otros ritmos, otros objetivos y otras herramientas. Muchas veces estamos trabajando con personas en estado de shock, en situaciones de negación, culpa o un estado de gran desorganización emocional, y eso exige una preparación específica.

Entre las competencias esenciales destacan la capacidad de escucha, la contención, la toma de decisiones bajo presión, la flexibilidad, el trabajo en equipo y la coordinación con otros profesionales. También necesitamos saber adaptarnos muy rápido a contextos que pueden cambiar en cuestión de minutos.

Y, al mismo tiempo, debemos atender nuestras propias necesidades y aprender a detectar cuándo una intervención también nos está afectando, porque cuidar al equipo es una parte imprescindible para poder ofrecer el mejor acompañamiento posible.

En los últimos años hemos vivido situaciones muy distintas —accidentes, fenómenos meteorológicos extremos, incendios, situaciones con múltiples afectados…—. ¿Han cambiado también las necesidades de intervención psicológica ante estas emergencias?

Sí y no. Es cierto que los fenómenos meteorológicos extremos y las situaciones con múltiples afectados están cada vez más presentes, pero, en esencia, las necesidades psicológicas que encontramos siguen siendo muy similares.

Lo que cambia muchas veces es la magnitud de la situación y, con ella, la complejidad de la intervención. No es lo mismo trabajar en un accidente con un número limitado de personas afectadas que hacerlo en una emergencia de gran escala, donde entran en juego muchos más profesionales, recursos y niveles de coordinación.

En estos casos, el traspaso de información, el conocimiento de los protocolos y el trabajo conjunto con el resto de los equipos se vuelven todavía más importantes. Por eso mantenemos la formación y la participación en simulacros con otros dispositivos de intervención, para mejorar la coordinación y complementar nuestra actuación.

Si tuviera que señalar un objetivo prioritario para esta nueva etapa al frente del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del COPIB, ¿cuál sería?

Sé que es un objetivo ambicioso, pero, si tengo que elegir uno, me gustaría trabajar para conseguir que cualquier persona que atraviese una situación crítica y necesite apoyo psicológico pueda tener acceso a un miembro de nuestro equipo.

Para ello tenemos que seguir visibilizando nuestro trabajo, dando a conocer y avanzando en nuestra integración dentro de los protocolos y dispositivos de actuación. Hay mucho camino recorrido y todavía mucho por hacer, pero creo que tenemos muy claro hacia dónde queremos avanzar.