El COPIB destaca el papel clave de la Neuropsicología en la detección temprana y el manejo del deterioro cognitivo de la Enfermedad de Parkinson
La Enfermedad de Parkinson (EP) es el trastorno neurológico de más rápido crecimiento en todo el mundo en términos de prevalencia, discapacidad relacionada y mortalidad. Sus causas se desconocen, por lo que se considera una enfermedad idiopática. Definida como un trastorno motor, hoy sabemos que la EP está constituida también por un amplio abanico de síntomas no motores que impactan profundamente en las personas que la padecen. La identificación y optimización del tratamiento de estos síntomas representan un desafío para mejorar la calidad de vida de las personas diagnosticadas.
En ese contexto, coincidiendo con la conmemoración del Día Internacional de la Enfermedad de Parkinson el próximo jueves 11 de abril, el Col·legi Oficial de Psicologia de les Illes Balears (COPIB) destaca la necesidad de promover un abordaje más integral de la EP, en el que la Neuropsicología tiene un papel crucial tanto en la detección temprana, como en el manejo del deterioro cognitivo asociado a esta enfermedad.
Manifiesto del Día Internacional de la enfermedad de Parkinson
Aunque la EP es una afección relacionada con la edad, no es exclusiva de personas mayores. Entre un 5-10% de los casos son diagnosticados antes de los 50 años y casi el 25% de las personas afectadas son menores de 65 años. La frecuencia parece ser mayor en los hombres que en las mujeres, con una razón de prevalencia de aproximadamente 3:2, y una amplia gama de factores genéticos, conductuales y ambientales relacionados con su etiología.
Y es que, más allá del temblor relacionado con el trastorno motor, la EP los síntomas no motores asociados a la enfermedad varían en función de su origen, naturaleza y gravedad, convirtiendo el cuadro clínico en heterogéneo y complejo: alteraciones del sueño, pérdida de olfato, estreñimiento, cambios en la tensión arterial, depresión, ansiedad, fatiga, dolor, y especialmente el deterioro cognitivo.
El deterioro cognitivo representa uno de los síntomas no motores más devastadores y relevantes de la EP, que puede estar presente en el momento del diagnóstico o incluso décadas antes de producirse. Su presencia afecta negativamente a la esperanza de vida de las/os pacientes y se asocia a una peor calidad de vida.
La variabilidad en la presentación de este deterioro cognitivo (desde formas más sutiles, hasta demencia, con diferentes velocidades de progresión) subraya la importancia de la neuropsicología en su detección y tratamiento. Esta disciplina no solo facilita la comprensión de la naturaleza y gravedad de los déficits cognitivos, sino que también proporciona información clínica valiosa para comprender y evaluar los cambios cognitivos asociados a la condición degenerativa y sobre cómo estos afectan la vida diaria de los pacientes.
Estos hechos destacan la importancia de una detección temprana y un enfoque proactivo en su manejo, para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas. La identificación temprana del deterioro cognitivo ofrece oportunidades para planificar intervenciones más efectivas y personalizadas, así como estrategias que pueden preservar la independencia funcional y la participación en actividades diarias de los/as pacientes, contribuyendo a mejorar su calidad de vida de las personas con EP y de sus familias.
Por todo lo expuesto, el COPIB se compromete a seguir colaborando con profesionales de la salud, entidades y administraciones involucradas con la comprensión, tratamiento y sensibilización de esta enfermedad, para garantizar un diagnóstico temprano y una atención integral centrada en el paciente, que permitan a quienes viven con EP enfrentarse a sus desafíos con mayor fortaleza y esperanza.
Sección Neuropsicología del COPIB