El COPIB pone en marcha un dispositivo de atención psicológica a familias ucranianas desplazadas en las Illes

Publicado el 2 de Junio de 2022

El Col·legi Oficial de Psicologia de les Illes Balears, COPIB, ha puesto en marcha un dispositivo de apoyo psicológico para atender a familias ucranianas desplazadas en las Illes como consecuencia del conflicto bélico que enfrenta a su país con Rusia. El programa, que cuenta con la colaboración de Markel, Brokers seguros profesionales, Fundación Guillem Cifre de Colonya y MTS Globe, tiene el objetivo de dotar a las personas que lo necesiten de herramientas que les permitan validar los sentimientos y emociones que están experimentando, así como ayudarles a afrontar problemas psicológicos que puedan estar afectándoles o puedan sobrevenir derivados de una situación de cambio traumática como la que están viviendo.

Con esa finalidad, el Colegio ha dispuesto un operativo de 10 profesionales especialistas en el ámbito de las emergencias, crisis e intervención sanitaria (8 en Mallorca, 1 en Menorca y 1 en Ibiza) para llevar a cabo intervenciones psicológicas de carácter individual (con un enfoque de regulación emocional y gestión del estrés) y grupal (con un enfoque de psicoeducación), adaptándose a los espacios y lugares que puedan facilitar las instituciones y entidades que soliciten adherirse al programa contactando con el Colegio en el 971 76 44 69 o a través del correo electrónico copib@cop.es.

Desde el COPIB destacan la importancia de atender la salud mental de los/as ucranianos/as que han tenido que abandonar su país, dejando atrás su vida, sus pertenencias, familia e incluso en algunos casos habiendo perdido ya a alguien cercano en el conflicto. “La atención que puedan recibir las familias refugiadas ahora es fundamental para prevenir en la medida de lo posible secuelas psicológicas y trastornos de estrés postraumático que suponen un impedimento para que estas personas puedan rehacer sus vidas”, señala Javier Torres, decano del Colegio.

No se trata únicamente del impacto de los bombardeos o del exilio forzoso. Se ve truncado todo un plan de vida. La sensación de pérdida, el trauma, la incertidumbre y el miedo son emociones y sentimientos que forman parte de un proceso de adaptación, pero que generan a su vez un malestar psicológico que también puede repercutir en su salud física como hemos podido comprobar.

En el caso de los/as menores, Torres advierte que el trauma que conlleva ser testigo de un conflicto bélico puede acarrear graves problemas de salud mental y a corto plazo una elevada inseguridad, miedo al futuro y cambios comportamentales, para los que los/as padres y madres tienen que estar prevenidos.


PROGRAMA

El decano del COPIB apunta que las intervenciones previstas en el dispositivo de apoyo psicológico de primer nivel de respuesta que se ha programado desde el Colegio tienen una doble vertiente. Por una parte, intervenciones dirigidas a la recuperación psicológica y el bienestar de la persona que ha sufrido las consecuencias de la guerra, atendiendo las respuestas psicológicas más comunes asociadas principalmente a tres procesos que pueden estar experimentado estas familias:

1. El proceso de adaptación, la acomodación a un nuevo contexto, cursa con múltiples repuestas de hiperactivación que afectan a nivel cognitivo (preocupación, pensamientos catastrofistas, rumiación, dificultades de concentración…), a nivel emocional (reacciones de hiperactivación fisiológica como la ansiedad, el miedo o la inseguridad); a nivel físico (cefaleas, problemas gástricos, tensión muscular…) y a nivel comportamental (inquietud, conductas agresivas, actitud defensiva, inhibición en la toma de decisiones,…). “Todas estas reacciones tienden a desaparecer con el tiempo o se atenúan, y no deberían generar una limitación importante en el funcionamiento de estas de estas personas”, indica Torres.

2. El proceso del duelo, que también puede manifestarse a niel cognitivo y conductual, con una sintomatología muy amplia que puede afectar al plano emocional -sentimientos de tristeza, enfado, culpa, ansiedad, impotencia…- y al plano físico. La persona pueda experimentar opresión en el pecho, vacío en el estómago, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización, falta de aire o debilidad muscular”, explica el decano.

3. Reacciones traumáticas. Algunas personas refugiadas han vivido experiencias traumáticas, entendiendo por traumático, eventos en los que hayan visto peligrar su vida o la de su familia y de una elevada intensidad. Dependiendo de la intensidad de la vivencia, antecedentes de experiencias traumáticas o psicopatologías previas y los propios recursos de afrontamiento de la persona, las respuestas ante un trauma pueden ser muy diferentes, asegura.

Por otra parte, el programa prevé intervenciones orientadas a facilitar a las familias técnicas de expresión y regulación emocional, así como herramientas para ayudarles en la organización de la vida diaria, mejorar el vínculo con la familia, desarrollar habilidades sociales, fomentar su autonomía y la formación de grupos de apoyo, entre otras. En definitiva, “se trata de facilitar su adaptación e integración en nuestra comunidad autónoma”, señala Torres, que advierte y concluye:

Para favorecer una mejor recuperación de estas familias, las intervenciones psicológicas que se realicen tienen que complementarse con estrategias que favorezcan los factores impulsores de la salud mental: asegurarles vivienda, educación, ingresos, etc.